lunes, 9 de marzo de 2009

Valores como la amabilidad o el altruismo hacen que los niños crezcan más felices

Conseguir que los niños crezcan más felices pasa por incentivar en ellos valores espirituales, como la alegría de vivir o la importancia de la amistad. Así lo demuestra un estudio realizado por investigadores de la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá. En concreto, el doctor Mark Holder dice que los niños que sienten que sus vidas tienen un sentido y que creen en valores, como la amistad, son más felices. No obstante, las prácticas religiosas ejercen un efecto mucho menor en la felicidad del niño. La relación entre espiritualidad, como sistema de creencias de cada persona para sentirse fuerte y cómodo, y religiosidad -entendida como rituales institucionales, prácticas y creencias- han sido siempre relacionadas con el incremento de la felicidad en adultos y adolescentes. Sin embargo, se han realizado pocos trabajos para averiguar si esta situación se daba también en los niños. La investigación dirigida por Holder analizó a un total de 320 niños con edades entre los 8 y 12 años, procedentes de cuatro escuelas públicas y dos colegios religiosos. Los menores completaron seis cuestionarios diferentes para medir su nivel de felicidad, espiritualidad, religiosidad y sus temperamentos. Los padres también fueron interrogados sobre la felicidad y el carácter de sus hijos. Los autores descubrieron que los menores que decían ser más espirituales eran también más felices. En particular, valores personales como la alegría de vivir y comunales, como la calidad y profundidad de sus relaciones, resultaron ser importantes índices para predecir los diferentes niveles de felicidad entre los niños. También el temperamento de los menores fue un valioso predictor de su felicidad, ya que los niños más felices eran también los más sociables y los menos callados. La relación entre la espiritualidad y la felicidad se mantenía fuerte, incluso cuando los autores tenían también en cuenta el temperamento del menor. En contraste, la religiosidad, entendida como acudir a oir misa, rezar o meditar, demostraron tener un efecto mucho menor en la felicidad de los niños. "Aumentar los valores personales puede ser la clave de la relación entre espiritualidad y felicidad", indicaron los autores, quienes apuntan que incentivar la amabilidad con los demás y los actos altruistas puede ayudar a hacer a los niños más felices.

1 comentario:

>>> Miner <<< dijo...

Para que un niño sea feliz, no basta con darle todo lo que él quiera y así nos muestre una sonrisa y ya decir que es feliz, no es éso, es mas, éso estaría mal por nuestra parte y no le estaríamos educando como deberíamos.
Que un niño feliz implica, además, que tengan unos valores como puede ser la alegría de vivir, es decir, que el niño sepa porqué está aquí, qué es para él la vida, porqué debe ser así...Para que el niño entienda ésto, los adultos, deben ser conscientes de lo importante que es y explicárselo así desde el principio. También es un aspecto importante la religiosidad de cada uno, aunque con mucho menos valor puesto que, no es de gran importancia para su felicidad el tener una creencia u otra. Lo importante es formarles y hacerles que sean felices.
Este fragmento lo que quiere decir es que debe haber una interacción entre religiosidad y espiritualidad. Porque espiritualidad es tener una creencia, mientras que religiosidad es poner en práctica esta creencia y demostrarla. Por todo ello son importantes ambos valores para que los niños sean felices, pero, sin olvidar, que se le dá mucha más importancia al sentido de la amabilidad, las relaciones con los demás que ayudan a que el niño pueda ser feliz.